lunes, 6 de mayo de 2013

El Gorrión del Café


 
Ver el video en pantalla completa aquí:
https://docs.google.com/file/d/0Bw881PYl_gOuSGh5NkFjQTY3bFE/edit?usp=sharing

Uno de estos días me llegó un mensaje particularmente tierno. Cuenta la historia real de un gorrión que visitaba el Café Oriente de Madrid. Vino con un video, el que les dejo aquí. Me enterneció hasta las lágrimas esa criaturita alada. ¡Cómo me hubiera gustado conocerlo!
Menos mal que la imaginación nos lleva a cualquier lugar y tiempo que queramos ir y conversar con quien deseemos hacerlo, incluso con:


El Gorrión del Café


Es una mañana agitada, mucho para hacer y poco tiempo. Luego de la predicación hay que hacer unos trámites que no pueden esperar. Pero no quiero faltar a mi cita con él. Así es que iré un poco más temprano para encontrarnos en el Café de siempre. Él lo escogió. Y yo voy por él.
Mientras voy llegando a la puerta, miro a las farolas de la entrada para ver si ya entró o está esperando.

¡Ahí está! Con su traje marrón y moño negro, me hace una mirada cómplice, no dice nada, pero sé lo que quiere y lo consiento. Abro la pesada puerta de vidrio y la mantengo así un ratito para darle tiempo a que pase raudamente, este es un caso de “los gorriones primero y luego las damas”.
Cuando supe de él, no podía creer lo que contaban: “Hay un gorrión que pasa el día dentro del Café de Oriente”. Tenía que constatarlo. La primera vez que fui a verlo me sentía expectante. Quería conocerlo. Claro, sólo soy un humano más y pensé que no se daría cuenta de la fascinación que me despierta. Pero me equivoqué. Hay un invisible lazo que nos une: él sabe que puede confiar en mi y se acerca sin temor a recoger los sabrosos bocaditos que dejo para él a mi lado, literalmente, es “un desayuno para dos”. Amo esos momentos. Entablamos un diálogo inaudible para el resto de la gente. Es un privilegio que me ha concedido.

-¿Por qué te gusta entrar a este lugar cerrado y no estar disfrutando de los árboles afuera?, le pregunté un día.

-A ustedes, los humanos, les gusta compartir una comida con amigos y pasar buenos momentos juntos, a mi también, respondió.  Sólo que encontré mi lugar en el mundo en este café, me gusta escuchar sus conversaciones, conozco las penas y alegrías de cada uno que viene aquí y si vienen solos, me acerco para acompañarlos un poco. La mayoría ni se da cuenta de que estoy. Pero me alegra saber que me esperas.

- Yo no puedo volar como tú, bueno, no tengo alas literales, pero sí en el alma. Cuéntame por favor, cómo son tus días de gorrión urbano.

-Bueno, he de reconocer, con toda modestia, que no soy un gorrión más. Temprano en la mañana bajo del árbol que está sobre la vereda, allí tengo mi nido, en una rama que roza un tejado vecino, así es que quedo a cubierto cuando llueve. Me poso sobre una de las farolas que flanquean la entrada, me acicalo pulcra y minuciosamente, tengo que lucir presentable toda la jornada. Y espero.

- ¿Qué esperas?

¡Pues que alguien abra la puerta! Pero me fijo bien, tiene que ser que vengan dos o más personas al mismo tiempo así la mantienen más tiempo abierta y puedo pasar sin estrellarme contra el vidrio.

- ¿Alguna vez te pasó, digo, dar contra la puerta?

- ¡Sí! más de una vez. Ustedes los humanos siempre con esa manía de hacer puertas y paredes transparentes...pero ya aprendimos, luego de estampar el pico contra el vidrio y vivir para contarlo.

- Lo lamento mucho, me da pena que se golpeen y lastimen así.
¿Y cómo haces para salir?

Es lo mismo, cuando empieza a anochecer quiero descansar mis plumitas en el nido y observo cuando la gente se retira, ni cuenta se dan que salgo detrás de ellos.

- ¿Nunca te pasó distraerte y quedarte encerrado?

Sí, dos veces. Pero los dueños del Café y los empleados son muy buenos conmigo, ya son parte de mi familia también. Y antes de irse, me buscan, y si aún estoy, abren la puerta de par en par para que me vaya a descansar.

- ¿Y durante el día no te da sueñito? ¿Puedes descansar un poco?

¡Sí! tengo un lugarcito preferido donde duermo tranquilo, sobre un plafón de tibia luz que me mantiene calentito en invierno, o sobre una ventana en verano por donde entra aire fresco. Descanso entre aromas de café, murmullos y risas de amigos.

- Me encanta conversar contigo. Gracias por acercarte a mi lado. Ahora debo irme para hablar con la gente sobre el tiempo en que la tierra vuelva a ser un Paraíso y los humanos volvamos a retomar  el diálogo amoroso con la Creación y todos los animales...incluidos los gorriones...

Sí lo sé...yo también espero ese tiempo...

- ¿Lo sabías? ¿Cómo?...

Pues porque a mí también me formó el mismo Creador que a tí...y también para vivir en un Paraíso...

- ¡¡Ahhh!! Eres hermoso y tan tierno...te quiero mucho, ¿lo sabes?...

Sí...lo sé...lo veo en tus ojos y lo siento en tu voz...las aves sabemos interpretar sus sentimientos así...


Me dejó rozar su patita y su pico con un dedo, le dejé las miguitas más ricas en un rincón y lo despedí hasta mañana...

Me fui feliz, agradecida y enriquecida por ese diálogo con ese paquetito de vida alado, dando gracias a Quien da vida al polvo para volar...



Nancy
06-05-13



2 comentarios:

Anónimo dijo...

QUÉ LINDO,NANCY... HERMOSA Y TIERNA HISTORIA,DAN GANAS DE IR A ESE CAFÉ...CUÁNTAS PEQUEÑAS COSAS LLENAN DE GOZO NUESTRO CORAZÓN,Y TODAS ELLAS REGALOS DE JEHOVÁ,GRACIAS POR COMPARTIRLO Y QUE TAMBIEN NOS COLMEMOS DE TERNURA, UN BESO GRANDOTE,AMIGA!!!
SILVIA E.

Mº Dolores Góngora dijo...

Lo leí de principio a fin , es muy bello saber de las aves del cielo y tambien la de los cafes .
Belleza ternura,dejar que compartan las migajas .
Todo muestra el inmenso amor de Jehová Dios por su creacion .Un abrazo muy grandote sabes que te queremos hermanita (Loli) .