
Una refrescante lluvia de verano está dejando oír su melodía como música de fondo e incentiva a escribirles y acercarles algunas las simples cosas vividas estos días, que van formando la vida de quien les escribe: simple y sin grandes historias por contar; son sólo vivencias hilvanadas en un etéreo y frágil collar de caracolitas que deseo compartir con ustedes en rueda de amigos, sin distancias ni fronteras.
Justo la semana en que me internaron, nos entregaron la cama ortopédica. Ya llevaba unos meses durmiendo en la silla de ruedas – camita por la dificultad para respirar. Intentaba dormir en la cama común, llena de grandes almohadones para sostenerme, pero siempre me despertaba sin aire, a pesar del respirador, porque en dormida resbalaba y no podía mantenerme sentada para respirar mejor.
Ahora estoy más cómoda…bueno, dentro de lo que se puede: a estas alturas ya he tenido que acostumbrarme a dormir sentada, respiro mejor, pero nunca descansa la espalda y el cuerpo, y el dolor siempre aumenta…en fin…es otra cosa que no podemos cambiar por ahora, sólo aceptarla y adaptarse.
Pero estoy muy agradecida por mi camita. Ya esta habitación ha sufrido tantas modificaciones que parece una de hospital: 2 sillas de ruedas, respirador y cama ortopédica. Pero también está llena de adornos y detalles que le dan un toque de calidez y ternura: posters con paisajes, peluches y muchos recuerditos que enviaron algunos de ustedes desde lugares muy lejanos: son mis pequeños tesoros, no tienen precio en los afectos.
La foto adjunta muestra cómo quedó ahora el rincón desde donde les escribo.
La estadía en el hospital dejó un saldo muy positivo en lo que a dar un buen testimonio se refiere: el amor en acción por parte de los hermanos locales dejó una impresión muy profunda en quienes nos rodeaban y miraban asombrados.Por lo general me internan en una sala de cuidados intensivos y allí no hacen falta cuidadores, estoy aislada. Pero esta vez estuve en una sala compartida con 6 camas, cada una con su cuidadora. Así es que hubo muchas oportunidades para compartir, en sentido físico y espiritual.
Me daba mucha pena ver cómo se quedaban al lado de su ser amado, cuidándolas noche y día sin que nadie les releve, a veces por varios días seguidos. La mayoría venía desde lejos, algunos a más de 200 km de aquí y sus familiares no podían hacer el recorrido diario para turnarse.Al lado de mi cama, primero había una abuelita muy delicada. Sus 3 hijos hacían turnos de 4 días seguidos pues viven a unos 90 km de aquí. Fue muy triste y doloroso verla sufrir, tanto a ella como a sus hijos, y a pesar de todos los esfuerzos, la derivaron a terapia intensiva y lamentablemente falleció.
¡Cuánto necesitamos el Reino! Duele tanto el dolor ajeno y es tan grande la impotencia para ayudar…sólo Jehová puede hacerlo y lo hará, a su debido tiempo…
Luego, a esa cama vino Karen, una jovencita de 14 años, diabética. Su abuela no se separó de ella toda la semana que estuvo allí. Ellas también venían desde un pueblito a casi dos horas de viaje de la ciudad.
Y enfrente de mi cama, estaba una dulzura de abuelita: Nely, con un poco de Alzehimer, llevaba 3 meses internada esperando que la operen para sacarle una prótesis de cadera que se le infectó. Su única hija: Daniela, llevaba todo ese tiempo cuidándola, ella solita, no tenía a nadie más que la ayude. Todo ese tiempo ha estado dividida entre cuidar a su mamita y el no poder atender a sus 5 hijos y esposo que viven en otra ciudad.Me dolía mucho verla dormir dobladita en una silla, o a veces, cuando no daba más, acostarse un rato en el suelo para estirarse un poco. Es una joven muy sacrificada y abnegada. Me encariñé mucho con ella y nos ayudó cuando nos fuimos, hasta hizo parar el taxi. Lloramos al abrazarnos y despedirnos.
Cuando recién llegamos a la sala, fue una grata sorpresa verla leyendo una Biblia, una paciente evangelista se la prestaba (con esa señora también tuvimos una linda experiencia, pero será para la próxima).No se imaginan el amor con que abrazó su propia Biblia cuando se la dimos, nos pidió que le escribiéramos una dedicatoria, así es que Damita y yo le escribimos algo. A ella también le dejé el libro Enseña y algunas revistas.
Cuando Karen, la jovencita que estaba a mi lado, vio el libro, se lo pidió prestado y lo tenía todo el día. Así es que también le dimos a ella su propio ejemplar y luego un libro Los jóvenes preguntan. Era un placer verlas leer los libros y la Biblia y hasta oírlas contarles a otros sobre lo que leían, ya sean médicos, visitas u otros pacientes.¡Ya estaban predicando!
Les decía que el amor de los hermanos fue un gran testimonio, pues era la única paciente que tenía 3 turnos diarios de cuidadoras, aparte de la familia, y en los horarios en que estaba permitido, estaba siempre rodeada de visitas, incluso muchos hermanos que no conocía personalmente pero se hicieron presentes al saber que estaba internada allí. Sin contar las continuas llamadas y mensajes de textos al celular de hermanos y amigos, no solo de la ciudad, sino de ciudades distantes, como Buenos Aires, Bahía Blanca y hasta desde Guatemala (gracias querida Evelyn)
Al ver todo eso, Daniela, quien cuidaba ella solita a su mamá, dijo:
-“¡Yo me voy a hacer Testigo! ¡En mi iglesia no son así!”
En varias ocasiones mencionó lo diferentes que somos, hasta nuestros jóvenes, y el amor, respeto y cariño con que nos tratamos. Realmente, el amor distingue al pueblo de Jehová y adorna la enseñanza.
Una sorpresa muy grata, fue la visita de Sonia y Fredy, quienes viven en España y estaban de paseo por estas tierras. La emoción de poder abrazar y conocer en persona a quienes solo hemos tratado por mail, es inmensa. Ha sido un mimo extra de Jehová el contar con su compañía y feliz visita.
¡Cuántos encuentros y abrazos nos esperan en el Paraíso con cada uno de ustedes!
Mi situación física no mejora, todo este tiempo ha sido solo de estudios y estamos esperando que se apruebe el traslado al Hospital Italiano en Buenos Aires, es un trámite que normalmente demora.Mientras estoy callada y quietita en la cama, estoy relativamente bien. Pero las hermanas que me cuidaban se sorprendían al ver cómo quedo de agotada ante el más mínimo movimiento: ir al baño o subir a la cama y tratar de acomodarme, comer o conversar un rato… parece que corriera una maratón y quedo sin aliento.
Son cosas que no se ven en un mensaje escrito, solo quien está físicamente aquí lo ve. No hay palabras para describir el agotamiento extremo que supone hacer hasta lo más común y trivial para una persona sana.
Pero con la ayuda de Jehová, hemos aprendido a conservar el gozo en medio de adversidades y disfrutar de todas las dádivas buenas de cada día.
Una mañana un doctor se sentó a mi lado, me tomó la mano y preguntó cómo me sentía.
-“Físicamente muy mal, pero los ánimos están muy bien. No lloro por lo que no puedo, sino que doy gracias por lo que todavía puedo hacer”, le dije.
Se quedó pensando y me dijo:
-“Es muy sabio lo que acaba de decir, siga así, esa actitud la va a ayudar”
Otra doctora me preguntó si hacía terapia o recibía ayuda psicológica. Le respondí que no porque anímicamente estoy bien.
-“Por eso le pregunto, pensé que recibía ayuda”
Le expliqué que es la fe y confianza en Dios lo que me sostiene y tuvimos una linda conversación.
Por supuesto, no estamos libres de angustias, en realidad son cotidianas, pero a pesar de ellas, podemos conservar el gozo: “Ciertamente estaré gozoso y me regocijaré en tu bondad amorosa, puesto que has visto mi aflicción; has sabido acerca de las angustias de mi alma.” (Salmo 31:7)Sí…”Si no hubiera sido porque Jehová me dio auxilio, en poco tiempo mi alma habría residido en el silencio.” (Salmo 94:17)
Siempre al poner en la balanza lo vivido en el día, pesan más las dádivas buenas de parte de Jehová, su consuelo, ánimo y esperanza, que todo el dolor del día. Claro, no hay que dejar de esforzarse y si es preciso, obligar a los pensamientos a centrarse en esas cosas y no en todo lo que nos derriba. Y Jehová bendice esos esfuerzos con paz.¡Cuánta fortaleza y consuelo derivamos de la oración!
A diario pedimos:
Sostenme
Bendito Jehová,
hacia ti mis manos se extienden
en busca de guía y favor.
Llagadas están, como todo este cuerpo
de dolor lacerado.
Escucha, por favor, mi gemir,
Sostenme en el tierno hueco de tu mano.
No me dejes, Dios mío,
No me dejes, Dios mío,
que sea tu paz la que prevalezca
sobre las oleadas de angustia
que azotan la mente.
Que sea siempre tu Nombre santo
Faro y amparo en medio de tempestad,
recordatorio eterno de que serás
todo lo que sea preciso ser para
tus propias promesas cumplir.
Amoroso Dios,
sostenme por favor,
sólo soy barro diluido
que por inmerecida bondad tuya
aún vive y anhela
servirte por la eternidad.
Nancy
15-02-10
La madrugada avanza y la lluvia no cesa, vuelvo a mi camita pero aquí les dejo algo del sentimiento vivido estos días, gracias por permitirme compartirlo…