
Es una alegría muy grande haber podido terminar los trabajos implicados en la edición de un libro, desde la compaginación, revisión, diseño de tapas, prólogo, etc, etc...¡pero ya está!
Con mucho cariño les presento a "Arcilla que espera..."
Introducción:
Esta
vez, los amigos que duermen harán la introducción a este libro con palabras que
alguna vez me escribieron:
“El barro se ablanda con agua. El barro humano se ablanda con lágrimas. No
sólo el que las llora se hace más fácil de moldear en las manos del gran
Alfarero, sino los que están a su alrededor también.”
Lira Berrueta
( Álef Guímel)
“Y pensar que un lejano día me
dijiste:
"No sé si lo que escribo tiene algún valor", y no te
animabas...
¡Mira qué
hermosos sentimientos salen volando por tu ventana!..
¡A qué buen
árbol te arrimaste, lleno de colibríes!
Ella te dejó la
mejor herencia que alguien podía dejarte.
Compartirla con
otros llega a ser un deber...”
“Tus sueños, no
son sueños, mujer de barro y acero,
Son esperanzas
ciertas, simple espera por lo que es seguro.
Tus sueños, no
son sueños, mujer valiente y leal,
son realidad en
la mente y corazón del Creador.
Son lealtad
bendita que provoca Su tierna sonrisa.
Tus días, son
instantes para Él,
sabor a vida,
sabor a miel.”
Héctor Mendoza
(He´mem/ José
Santos)
Prólogo
La imagen de un alfarero dando forma a la
arcilla entre sus manos, está llena de profundas connotaciones que invitan a
reflexionar. Me traen a la mente estas palabras:
“Oh Jehová, tú eres
nuestro Padre.
Nosotros somos el
barro,
y tú eres nuestro Alfarero;
y todos somos la obra de tu mano.”
(Isaías 64:8)
Palabras que a su vez llaman a un
autoexamen: ¿qué clase de barro soy en las manos del Eterno? ¿Barro blando? ¿O
me resisto a ser moldeado? Las
respuestas serán evidentes por los resultados…en qué clase de vasijas nos vamos
formando. Si serviremos o no para el propósito en que se nos formó. Si seremos
útiles o no. Sólo depende de nuestras reacciones al consejo, a las situaciones
difíciles que por ahora a todos nos toca vivir de un modo u otro.
En mi caso, y en el de nuestra familia,
los problemas de salud graves han sido una constante. Un refrán popular dice
que ante la adversidad, todos reaccionamos ya sea como la papa o el huevo
cuando se ponen a hervir. Soportan la misma presión, pero una se ablanda y el
otro se endurece como resultado.
Podemos
ser barro blando o barro reseco, quebradizo, que impida darle forma.
Este barro mojado con
lágrimas que soy,
anhela poder cumplir
su razón de ser,
servir de alguna
manera a quien me rodea,
a quien recoge estas
letras ahora,
pero sobre las cosas,
seguir cultivando la
amistad y ese diálogo
constante con Quien
nos moldea.
Llegará el momento en que todos sólo
tendremos cosas buenas que contar. Es una promesa divina y se cumplirá. (Salmo
37:10,11). Mientras tanto, muchas veces caminamos sobre espinos con los pies
descalzos…y de esos momentos surgen muchos de estos versos…
A
la vez que hago mías y sentidas estas palabras:
Realmente hacia Dios espera silenciosamente,
oh
alma mía, porque de él viene mi esperanza.
(Salmo 62:5)
Sólo soy arcilla…que
espera…
Ojalá esta vasija de barro sea útil a su Hacedor de alguna manera, aunque no puedo hacer cuánto quisiera...
Y pueda ser útil también a ustedes que me acompañan a lo largo de camino...aunque sea acercándoles algunas palabras que consuelen...con la esperanza que compartimos...
Un abrazo inmenso...
Ésta es la contratapa:
