Conversábamos con Waldo de las reacciones de un personaje de una peli que apenas vimos unos minutos y la dejamos, nos venció el cansancio del día. Pero me quedé pensando y le dije: “Cada persona es un mundo. Me voy a escribir antes que me olvide”…un pensamiento llevó a otro, y a otro, en esta breve reflexión:
Icebergs
Cada persona es un mundo. Cada uno con su propia e
inmensa mochila, que aun cuando sea compartida, cada uno la sobrelleva como
puede, la vive, siente y afecta diferente…
Somos como icebergs navegando en un océano de gente,
donde a su vez cada uno también lo es. No por ser fríos, sino por la
profundidad y grandeza de lo que no vemos, más allá de lo obvio.
No podemos dar por
sentado que conocemos todo de una persona, por más allegada que sea, siempre
hay mucho más por descubrir, por entender, por comprender… Y es bueno que sea
así…
Y es bueno recordarlo cuando no podemos entender alguna reacción de otros que pueda afectarnos…esa punta del icerberg visible no representa al todo que no vemos ni conocemos…
Y
sí, nos gustaría esa consideración para nuestra imperfección, así que la Regla Áurea
se hace presente:
“Hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes.” (Mateo 7:12)
Y aunque quizás nunca podamos conocer todos los motivos detrás de una acción, hay un bálsamo reparador de afectos y relaciones interpersonales que nunca falla: “El amor cubre todas las ofensas.” (Proverbios 10:12)
Y quién sabe, quizás al profundizar con paciencia y cariño, descubramos tesoros escondidos como las geodas…como los cristales de la Cueva de Naica…búscalas…
“Los
pensamientos del corazón del hombre son como aguas profundas, pero el hombre
discernidor sabe sacarlos.” (Proverbios 20:5)


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