Aquí sentada, al borde de la tormenta, esperando a que amainen los vientos…bueno, no son vientos ni tormenta literales (que buena falta hacen para calmar un poco tanta sequía).
Hay tiempos en que se juntan angustias varias y uno siente que no le dan las fuerzas para luchar en distintos frentes a la vez…¡qué sería de nosotros sin Jehová que sostiene y lleva en sus brazos cuando las propias fuerzas fallan…así venimos andando desde hace muchos días ya…
Los días de mayor angustia tuvieron que ver con la internación de Damita, desde el 23 de septiembre al 1 de octubre. Ella lucha desde hace años con un abanico de problemas emocionales: depresión crónica, estrés postraumático, pánico, fobias…que derivaron en su internación en un sanatorio especializado. Ezequiel y yo nos turnamos para cuidarla y Waldo se encargaba de los trámites, buscar remedios, ir y venir, atender la casa y el trabajo. Para colmo, no tenía días de descanso porque tiempo atrás balearon a un compañero de trabajo en un asalto en su casa, así es que no había descanso para Waldo.
Fueron días muy duros, es en extremo doloroso ver sufrir a los hijos, uno siempre prefiere que le pasen a uno las cosas y no a ellos…y nuestra frágil humanidad se poya en Jehová por fuerzas, no sólo para uno, sino para poder ayudar a quien está al lado…
A Damita le dieron de alta un día martes al mediodía. Y ese mismo día a la siesta, llevé a Waldo de emergencias al sanatorio. Volaba de fiebre. Tenía un fuerte espasmo bronquial. Le hicieron un rescate: nebulización y dos inyecciones. Fuimos a la farmacia a comprar los medicamentos y a la camita.
¡Y al día siguiente caí yo igual! Con 39 C° de fiebre, un dolor espantoso de cuerpo y fuerte tos.
Luego cayó papá, luego mami…y seguimos muy mal los cuatro. Ya le dieron una orden de internación a mi mami si no mejora hasta hoy.
Se ve que es un virus muy fuerte, no nos deja levantar cabeza, aun cuando Waldo y yo vamos mejorando, pero estamos muy débiles y sin fuerzas.
Damita está mejor, con otro tratamiento y Ezequiel la cuida amorosamente, junto a sus blancas alegrías: sus mininas Pelusa y Blanquita.
Muchas gracias por los mensajes y preocupación por la ausencia. Me cuesta mucho levantarme y no tengo fuerzas para nada, pero aunque sea quiero dejar unas líneas para dar señales de vida.
Cuando las cosas se ponen tan sombrías, cuesta ver algo bueno en esos días. Pero siempre hay razones para dar gracias. Es un buen ejercicio enumerar al final del día las cosas buenas que nos pasaron o recibimos. Aunque a veces quizás haya que hacer un esfuerzo por ver lo bueno…pero siempre hay buenas razones, y en todas esas, siempre tiene que ver Jehová: “Porque por él tenemos vida y nos movemos y existimos.” (Hechos 17:28). “Él no se cansa ni se fatiga.” Sostiene nuestra debilidad, “está dando poder al cansado; y hace que abunde en plena potencia el que se halla sin energía dinámica. (Isaías 40:28,29)
Y en esa lista de cosas buenas…siempre están ustedes, con sus palabras, mensajes y ánimo…gracias por estar y por acompañarnos cada día…los quiero mucho…
















































